Golpe de autoridad de los hermanos Balboa en el sexto
capítulo de la Regata.
Franco y Dardo se quedaron por un buen margen con la etapa que se corrió entre la Estancia Ferrari y el Balneario de Conesa, y aumentaron la ventaja en la general.
Con 39° de temperatura y mucho viento en algunas partes del recorrido, los hermanos neuquinos comenzaron a ganar la etapa antes de la largada. En las orillas del río que pasa por la Estancia Ferrari, llamó la atención el prominente rompeolas armado de manera casera, que se distinguía en la proa de la embarcación N°3. “Si las olas empiezan a golpear de frente, esto va a impedir que se nos llene el bote de agua”, dijeron. En un río picado por el viento, las probabilidad de anegamiento de la embarcaciones eran altas. Además del rompeolas, el cubrecopit y las bombas de desagote generalmente son los complementos esenciales para evitarlo.
Todo eso que previeron los Balboa, sorprendió a Agustín Ratto y Julián Salinas, segundos en la general, que promediando la etapa se les llenó el bote de agua, las bombas de desagote no dieron abasto y tuvieron que bajarse en la orilla para terminar de sacar el agua y poder seguir. “El oleaje nos sorprendió en una recta, con 60 kilómetros de viento en contra y fue muy similar a la primera parte de la última etapa del año pasado, cuando casi pierdo la Regata”, recordó Julián Salinas en la playa del balneario de Conesa. “Las bombas no dieron abasto. Los hermanos Balboa estuvieron muy inteligentes con poner ese rompeolas en su bote, metieron un ritmo muy fuerte y no los pudimos alcanzar”.
Para la segunda parte, los Balboa se quedaron peleando por la punta con Damián Pinta y Facundo Lucero, pero está claro que los palistas de la comarca no están bien físicamente después de la intoxicación que sufrieron antes de correrse la cuarta etapa. Damián Pinta tuvo que ser asistido en plena prueba, y si bien pudieron finalizar la etapa, quedaron muy rezagados.
Los Balboa mostraron una salida firme, con un andar sostenido que rápidamente comenzó a hacer diferencias pero por sobre todas las cosas tuvieron inteligencia táctica. Allí, los hermanos neuquinos exhibieron un conocimiento profundo en lo que podía suceder y fueron precavidos. Se anticiparon a un posible escenario de fuerte viento y olas en el río, supieron cuándo apretar, cuándo sostener y sobre todo, cómo aprovechar los inconvenientes de sus rivales directos.
El desarrollo de la segunda parte de la etapa fue un monólogo progresivo. Kilómetro a kilómetro, la dupla fue ampliando la brecha con sus perseguidores, no por un sprint aislado sino por una regularidad que terminó por desgastar al resto del pelotón. En un trazado donde el viento y la corriente suelen alterar planes, Franco y Dardo mantuvieron el pulso frío, sincronizados, con una palada limpia y constante que terminó siendo imposible de seguir.
La llegada al Balneario de Conesa confirmó lo que ya se intuía río arriba: el margen fue amplio y la victoria, indiscutible. Pero más allá del resultado parcial, el impacto real se vio en la clasificación general, donde los Balboa lograron estirar la ventaja, consolidándose como la primera referencia de esta edición dorada. “Ayer les tocó a ellos, hoy a nosotros. Hay que remar en todas las etapas, la Regata termina en Viedma y eso nosotros lo tenemos muy claro con Dardo. Somos el único bote de Argentina que ha traído una medalla en K2 senior de un campeonato del mundo, lo que demuestra que cuando nosotros salimos a competir damos todo y entrenamos al cien por cien”, destacó Franco, que va por el tricampeonato corriendo la Regata junto a su hermano.
En una Regata que no perdona errores, ganar con autoridad equivale a administrar confianza, propia y ajena. Esta etapa además, es un tramo donde las fuerzas empiezan a medirse con la cabeza y no solo con los músculos. Allí, los hermanos Balboa parecen haber encontrado un equilibrio ideal entre potencia y paciencia, una virtud clave para una prueba con tantos vaivenes como la Regata.
Publicado en PODIO del Diario Río Negro.




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