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jueves, 6 de noviembre de 2025

La historia de Laura Mihaljevic y el recambio generacional que mantiene viva la fruticultura.


Entre Croacia y Regina: la historia de Laura Mihaljevic y el recambio generacional que mantiene viva la fruticultura.

Apasionada por la vida en la chacra, esta productora combina herencia y modernidad en una historia que refleja cómo el recambio generacional sostiene el alma productiva de Villa Regina.


C
uando habla de fruticultura, Laura Mihaljevic se le aceleran las palabras. Las ideas y los recuerdos fluyen con la misma energía con la que defiende la actividad. “Soy así, pasional. Lo llevamos en la sangre, así somos los croatas”, dice con orgullo. En su voz se condensa la historia de una familia que, desde hace generaciones, vive al ritmo de la tierra.

Su bisabuelo llegó desde Croacia a comienzos del siglo pasado en busca de trabajo. Años más tarde, su padre, Markan, cruzó el océano con apenas una valija, un molinillo de café y un trozo de pan. Viajó junto a su abuela para reencontrarse con el abuelo, que había emigrado veinte años antes. “Mi papá dormía entre los chanchos para calefaccionarse”, recuerda Laura. “Esa historia de sacrificio fue la que nos marcó a todos.”

Gentileza: Infocampo.-

Con esfuerzo y tenacidad, la familia se estableció en Villa Regina, donde levantó su chacra y comenzó a cultivar peras y manzanas. En ese paisaje de álamos y acequias se forjó la identidad familiar y el amor por la tierra. “Nos criamos entre el trabajo y los árboles. Mi papá nos enseñó que la tierra se respeta con esfuerzo, que los logros llevan tiempo y que la fruticultura es una escuela de vida.”

Laura estudió agronomía convencida de que su futuro estaba en el Valle. “Siempre supe que iba a volver. Es difícil despegarse del río, del olor a fruta, de las estaciones que marcan la vida. Este es mi lugar en el mundo.” Hoy forma parte del trabajo familiar y es una de las voces que representan el recambio generacional dentro de la producción reginense.

 “Villa Regina tiene un potencial tremendo. De todo el Valle, creo que es una de las ciudades con mayor capacidad de recambio generacional, y eso no es poca cosa”, afirma. Y enseguida amplía: “En nuestra cotidianidad, la fruticultura ocupa un lugar fundamental en el arraigo y en el inconsciente colectivo. Respiramos fruticultura, la amamos. De esta actividad viven muchas otras que se sostienen gracias a ella. Ocupa un lugar especial en nuestro corazón y en nuestra historia.”

Consciente de los desafíos actuales, no pierde el entusiasmo. “Vivimos años bisagra, difíciles en lo social, en lo cultural, en lo político y en lo climático. Pero acá no bajamos los brazos. Los reginenses la peleamos con orgullo y con pasión”, señala.

También reclama un mayor reconocimiento al productor. “Me gustaría que no estemos infravalorados, que la dirigencia entienda que no somos enemigos. Si todos tiramos del carro para el mismo lado, vamos a estar mejor.”

Su vínculo con la tierra tiene algo de espiritual. “Cada vez que camino la chacra se me hincha el pecho. Cierro los ojos y siento el aroma a acequias, a álamos, a frutas. Me da una sensación de libertad enorme. Nos dedicamos a una actividad noble y valiosa. Como decía Cicerón, la agricultura es la actividad justa para todo hombre libre.”

Y cuando le toca definir lo que siente por su ciudad y por su oficio, no duda: “Vamos en contramano, como el salmón, pero producimos alimentos para el mundo: vitaminas en su envase natural. Amo Regina, amo el Valle y me apasiona la fruticultura.”


Publicado en RURAL del Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/rural/entre-croacia-y-regina-la-historia-de-laura-mihaljevic-y-el-recambio-generacional-que-mantiene-viva-la-fruticultura-4363552/

miércoles, 9 de agosto de 2023

Laura Mihaljevic, de Frutas El Chúcaro, es la nueva integrante de la Mesa Rural.

 

Laura Mihaljevic, de Frutas El Chúcaro, es la nueva integrante de la Mesa Rural.
Les dejamos las líneas que ella misma escribió y que queremos compartir con todos ustedes:
Laura Mihaljevic, Ingeniera Agronoma de profesión, productora de pasión.
Cada vez que me preguntan a qué me dedico se me amontonan las palabras en la boca y en el corazón por querer contar todo y poder transmitir lo que siento .
Soy hija de un inmigrante croata y de una mama argentina capaz de transformar todo en amor y resilencia, con mis raíces bien firmes y el corazón patriótico celeste y blanco.
Elegí de profesión la agronomía pero me enorgullece producir, generar puestos de trabajo y predicar con el ejemplo. Liderar pero a la par, en equipo, jamás en superioridad.
En esta empresa familiar nos dedicamos a la fruticultura en todo su esquema: producimos, empacamos, almacenamos, comercializamos acá y en el exterior.
Hace 25 años agregamos el sector ganadero en campos propios y cerramos también el esquema engordando y comercializando la carne.
Estoy en constante movimiento: tengo posgrados en agronegocios, me capacito en finanzas, liderazgo, manejo de grupos humanos, idiomas( hablo 3). Y como hobby el montañismo de altura y trekking.
Creo en la palabra y en los principios firmes.
Nuestro lema:
Calidad y confianza, avalan nuestro
trabajo, que solo se logra con
más honestidad. Quizás la más profunda y más grande de las lecciones de nuestros mayores. Un legado que, día a día asumimos y honramos, y que cuidamos con el corazón en cada cosa que hacemos.
Publicado en Turismo de Villa Regina.

sábado, 4 de febrero de 2023

Laura Mihaljevic, pasión croata puesta al servicio de las manzanas.

 

Redes sociales.

Laura Mihaljevic, pasión croata puesta al servicio de las manzanas.

La familia Mihaljevic es exponente del sacrificio y esfuerzo por la fruticultura. Laura, cuarta generación, abre las puertas de su chacra y cuenta su historia en un nuevo capítulo de ELLAS.


“Cuando comprás una fruta estás comprando historia, sensaciones, proyectos, salud y visión de largo plazo”.

Laura Mihaljevic habla en 1.5 de velocidad. Las ideas, emociones y conceptos se le vienen rápido y así como le vienen los larga. Es pasional. Dice ella misma que lo lleva en la sangre, “así somos los croatas”

Es la cuarta generación de productores frutícolas con base en Villa Regina, provincia de Río Negro. Ha sabido aprender de la pasión que le transmitió su padre, Markan, por el campo y las frutas. 

Justamente Markan tiene una emotiva historia: cuando tenía cuatro años se vino con su abuela de Croacia en barco, con una valija en la que sólo traían algo de ropa, un molinillo de café y un pan. Acá los esperaba su abuelo, que se había venido 20 años antes. Sí, dos décadas en las que la comunicación había sido solo por carta. Increíble. Markan tuvo que emigrar con su abuela porque su madre no podía alimentarlo. Eran tiempos difíciles, de guerra civil y guerra mundial. 

Su padre le contó a Laura que de chico dormía entre los chanchos para “calefaccionarse”. Ese sacrificio es el que Markan le fue inculcando, con el ejemplo, a sus tres hijos

Hoy, con 36 años, Laura -la protagonista de un nuevo capítulo de la serie de podcast ELLAS– lleva adelante, junto a su hermano, la empresa familiar en la que producen manzanas y peras, en el Valle, y carne (ciclo completo) en Choele Choel. Ella está más con la fruticultura, su hermano, con la ganadería. Una tercera hermana vive en Bahía Blanca, donde Laura estudió agronomía. 

LAURA SÍ ESTÁ.

Alguna vez me dijo: “A los que somos del valle y nos criamos al lado del río (el Río Negro), se nos hace muy difícil despegarnos de este lugar”. Por eso, cuando se fue a estudiar sabía que iba a volver. Es su lugar en el mundo. 

– Cuando uno imagina inmigrantes en Argentina, lo primero que piensa es en españoles e italianos. El caso de tu familia es distinto. Cómo es la historia de tu padre Markan y eso de pasar 20 años sin ver a su esposa.
– Sí, tremenda historia. Mi papá llegó a la Argentina en 1953, su abuelo ya estaba acá hacía 20 años, por lo tanto, su mamá era chiquita cuando su papá, mi bisabuelo, migró. Mi papá se vino con su abuelita cuando pudieron comprar los pasajes. No estaba fácil, en el medio hubo una guerra de independencia, la guerra mundial, comunicación por carta. La decisión de que viniera con mi papá fue porque mi abuela no podía darle de comer a mi papá, la posguerra era durísima. Entonces se vienen los dos suponiendo que iban a poder volverse en algún momento, cosa que nunca ocurrió

– ¿Es cierto que todavía tenés la valija con la que se vinieron?
– Si, claro. Y lo del pan me consta porque cuando tuvimos la oportunidad de viajar con mi papá a la aldea donde él había nacido, todavía quedaban algunas viejitas vivas e íbamos caminando y una le dijo “yo te hice el pan, Markan”. También tengo el molinillo de café que se trajeron. Mi papá siempre decía, “yo crucé un mar para venir a buscar trabajo y comida”. Por eso es que hay ciertas situaciones de Argentina que no se bancaba, hablo en pasado porque falleció hace dos años. Vinieron a buscar al otro lado del océano pan y trabajo. De hecho, acá conoció la harina de trigo. 

 En ese marco, ¿cuál es tu historia e infancia con el campo y la ruralidad?
– Yo siempre tuve en la cabeza volver al campo. Me fui a estudiar agronomía a Bahía Blanca pero siempre dije que iba a volver al Valle. Hay momentos que me lo replanteo, porque no es una actividad sencilla. Fruticultura es una actividad intensa. Por otros momentos estoy muy orgullosa de lo que hago. Es una ambigüedad. Pero mi vínculo siempre fue muy sano. Yo iba a la escuela a la tarde y a la mañana, a los 9 años, manejaba el tractor y le ayudaba a mi papá a desparramar abono. No tengo traumas de aquellos años. Me quedaron aprendizajes, objetivos, claridad para lo que quería hacer y lo que no. Me ayudó a desarrollarme para la supervivencia, a tener la cabeza abierta, poder tomar decisiones. Y esto para mis hermanos y para mí. Todos vivimos eso. Volvían de estudiar y todos trabajábamos, no nos íbamos a la costa con nuestros amigos. Y no lo recrimino, lo estoy agradeciendo por todos esos aprendizajes que te decía. 

– Si cerrás los ojos, ¿qué olores, sabores, colores, anécdotas, se te vienen a la cabeza?
– A mí siempre se me viene el aroma al río. Tenemos un Río Negro maravilloso. Viví mucho ir a pescar, con mi hermano, con mi papá. Y con nada. Una lonita, la caña, mate, y a disfrutar el momento. Obviamente el olor a manzana. El olor a pasto mojado de la mañana es un aroma que ¡guau! (exclama). Para mí debería haber un perfume con ese aroma. Las hojas del otoño también es un lindo aroma. Sin dudas, los jamones y las grapas que hacía mi viejo (se ríe). De hecho, todos los años para su aniversario elaboramos grapa en conmemoración. Es una manera de canalizar la angustia de ya no tenerlo. 

– ¿Por qué agronomía? ¿Qué cosas creías que te gustaban antes de arrancar la carrera?
– Yo tenía claro que iba a volver al Valle. Sea o no a la empresa familiar. Papá siempre nos preguntó. Nunca nos obligó a seguir. Yo lo elegí porque quise. Estaba entre dos carreras, veterinaria y agronomía. Nunca me gustó depender de otra persona, por eso quería ser yo la que lleve adelante esto con los recursos que tengo. Obviamente contrato otros profesionales en lo contable o en lo administrativo, por ejemplo. Pero lo de campo me gusta seguirlo a mí. Yo siempre me proponía ser la mejor, pero no por el otro, por mí. Haga lo que haga, no quería que me quedara nada en el tintero. Si fuese hoy limpiadora de calles me propondría ser la mejor limpiadora de calles. Cuando tuve que tomar la decisión, la facultad de veterinaria me quedaba lejos, en Tandil, por eso me fui a Bahía Blanca y estudié agronomía. Después, cuando conocí Tandil me arrepentí, porque es preciosa. Pero bueno, agronomía me ha dado amigos y mucho conocimiento. 

 Quiero preguntarte por la relación campo-ciudad: alguna vez me contaste que, cuando eran jóvenes, y vos y tu hermana llegaban al boliche, les decían “ahí vienen las chicas de la chacra”. ¿Cambió esa percepción de diferenciar los del campo y los del pueblo?
– Yo creo que los que nos hemos forjado en el campo somos distintos. Con esto no te digo que es mejor ni peor. Esta es mi realidad. Con mi hermana me llevo más de 13 años. Las historias han ido cambiando. Pero sí pasaba en la época de ella que había una diferenciación de cómo te vestías y dónde ibas. En mi época no tanto. Pero siempre hay una diferencia que no te puedo explicar. Yo lo veo en mis sobrinos, aún los que viven en Bahía Blanca, que están relacionados con el campo. Ellos tienen otro desarrollo, otro dinamismo, otras prioridades, resuelven situaciones. 

– ¿Y eso de “los oligarcas del campo”?

– Eso es algo que ha sido más fogoneado por los políticos. No somos todos iguales, obvio. Hay de todo en todos lados. Mafiosos hay en todas las profesiones. Pero sí creo como mea culpa no nos hemos sabido defender. No supimos comunicar bien. No estamos preparados para la comunicación. Nosotros laburamos, bajamos la cabeza y punto. Y deberíamos estar quizás más formados en ese aspecto. Estamos errando en no comunicar la verdad de la actividad. Sobre todo, de las economías regionales, tan golpeadas y tan poco conocido. Por eso cada vez que hablo con alguien intento contarle lo que es la fruticultura y cómo la vivimos nosotros. 

LOS PORMENORES DE LAS FRUTAS.

– ¿Qué te parecería interesante que sepan las personas que viven en la ciudad, que van a la verdulería, o el mercado a comprar sus frutas y verduras?
– Siempre digo que cuando la gente compra frutas está comprando historia, salud, ya lo dice el dicho, “una manzana al día, el médico evitaría” (se ríe). Nosotros estamos plantando hoy y recién vamos a ver los frutos al séptimo año. Mi papá ha plantado árboles sabiendo que no se iba a sentar a su sombra y que no iba a comer sus manzanas. Cuando vos comés una manzana o una pera o una fruta estás comiendo historia, sensación, proyectos, visión a futuro. Es muy importante que la gente coma frutas, tiene un gran aporte nutricional. 

– ¿Cuál es la mejor época para comer manzanas?
– Generalmente se cosechan en febrero-marzo, dependiendo la variedad pero se conservan todo el año. 

– ¿Cuál es la brecha entre lo que les pagan a ustedes y lo que pagamos nosotros en una verdulería?
– El tema del precio viene ligado a los intermediarios, a otras cosas que hay en el medio. El productor percibe muy poquito de lo que se paga en la verdulería. Si vos la pagás a 400 pesos el kilo, supongamos, y nosotros como productor recibimos 100 con toda la furia, y creo que nos olvidamos de descontar alguna cosa porque nos mentimos bastante. Entonces hay mucha diferencia. Todo lo impositivo que hay en el medio. Nosotros vendemos la fruta al mismo precio en dólares que hace 20 años atrás. 

– ¿Por qué siguen? O más bien, ¿cómo siguen?
– Porque tenemos sobre nuestras espaldas familias. Yo con 36 años tengo mochilones a mis espaldas que, si me equivoco, me fundo o me quiero ir a hacer pulseritas a Nueva Zelanda tengo familias que dependen de mí y quedarían en la calle. Es la parte más difícil de la fruticultura. Hay una falta de cuidado de esta actividad regional. Tenemos que seguir, pero nos vamos descapitalizando. Pero es una actividad maravillosa. Te prepara. A mí me ha ayudado a resistir presiones. Yo cuando estoy en la montaña a 3.000 metros de altura, pienso, “peor es ir a la cosecha, o las noches de helada”. Esta actividad me ha enseñado a empujar el límite todo el tiempo. 

– La fruticultura demanda mucho empleo. ¿Cómo analizás esa situación? ¿Es uno de los temas que a veces te quita el sueño?
– Yo la verdad… lo digo bajito para que no me envidien (se ríe), tengo un equipo de trabajo fantástico, hemos logrado formar una familia con todos mis colaboradores. Trabajamos codo a codo, sabemos nuestras cosas personales, nos ayudamos, estamos. Realmente es un equipo muy valioso. Estoy muy orgullosa. Pero tengo miedo porque cuando se vayan jubilando estamos al horno, porque no hay generación de recambio.

– ¿Por qué creés que pasa esto, que no hay recambio?
– Por los valores, por la voluntad, son factores que están faltando en las nuevas generaciones… no generalizo, en algunos. Hoy los jóvenes y no tanto, los de 25-30, no toleran el fracaso, no soportan presiones. Cuando yo tenga que cambiar mi plantel laboral es muy probable que haya cosas que no puedan resistir y va a ser un problema. También hay que decir que en otros lugares se ha desarrollado una industria del juicio laboral, están prendidos todos y eso es un mal ejemplo para las próximas generaciones. Trabajás entonces con miedo, desconfianza, generas menos puestos de trabajo, te achicás. Son muchos riesgos y por eso muchos están optando por mecanizar también. No es mi realidad hoy, insisto, pero es lo que se viene. 

FUERA DEL SURCO.

– Al escuchar música, ¿cuáles son tus gustos?
– Escucho de todo, no soy fanática. Pero si tengo que elegir arranco por (Joaquín) Sabina, lo he ido a ver a recitales, me encanta ese viejo. Folclore, en segundo lugar, me relaja. Música de los 80s también por influencia de mi hermana. 

– ¿Hay alguna actividad por fuera del trabajo en la que busques inspiración, reiniciarte?
– A mi me gusta mucho ir al río. Vivo a 50 metros del Río Negro. De chica, gracias a mi hermano y mi viejo íbamos a pescar mucho con mosca, es un río bellísimo. Hoy también hago kayak, me gusta el silencio de las aguas, como que te llevan. Hay una película que se llama “Ríos de la vida” o “Nada es para siempre”, según la traducción que pescan con mosca en Montana, EE.UU., trabaja Brad Pitt y en una parte de la película ellos dicen que se dejan obnubilar por el silencio de las aguas. 

– ¿Y el montañismo?
– Sí, claro, hace unos años que empecé a hacer treckking de montaña. Eso empezó en pandemia, me entrené como pude porque estaba todo cerrado y me puse en la cabeza que iba a ir al Lanín (3.776 metros sobre el nivel del mar) y fue la primera que hice. Para mí el Lanín es mágico, es una especie de retiro espiritual que no me ha transmitido ninguna otra montaña. Después hice otras cumbres: el volcán Tromen (4.114 metros), el cerro Palao y montañas más chicas. Estoy por hacer el Domuyo (4.709 metros) que es el techo de la Patagonia (N de la R: al momento de la nota faltaba una semana para salir a esa expedición). Yo soy así, no me voy de vacaciones, pero me escapo a la montaña. Hay mucha camaradería, amistad, grupo, naturaleza, es una actividad que disfruto mucho. Hay una frase de (Miguel) Unamuno que dice que “el cuerpo se restaura con el aire sutíl de las alturas, que el alma se restaura con el silencio de las cumbres”. Y es así. Uno vuelve menos cargado. Las angustias las dejás allá arriba, las penas pesan menos. Te sentís más poderoso. Es un retiro espiritual, vuelvo cambiada. 

– En series o películas, ¿qué elegís mirar?
– Me gustan las bélicas. Me encantó Vikingos. Me gustó mucho Outlander, me gusta toda la onda celta. También miro muchos documentales, me gusta aprovechar el tiempo aprendiendo. Literatura leo mucho históricas o sobre negociaciones. Hay un libro que te recomiendo que se llama “Rompe la barrera del no: 9 principios para negociar como si te fuera la vida en ello”, escrito por un ex FBI (N de la R: Chris Voss). Sirve para la vida cotidiana, con la suegra, los hijos, está excelente. 

– ¿Un lugar que te gustaría conocer?
– Me gustaría ir a un país con más disciplina, ver un poco el orden. Me gustaría conocer Nueva Zelanda y Australia, por sus formas de manejo y los campos. Me encantaría conocer Irlanda. Por ahí andaría. Y dentro del país me gustaría conocer el Perito Moreno… antes que se derrita… 

– ¿Una mujer que admires?
– Mamá Estela. Sin dudas. Es la palabra en persona de la resiliencia. Sabe salir de los problemas, siempre de buen humor, nunca habla mal de nadie, nunca piensa mal, está alegre, se pinta sus labios, más allá de todo lo que le pase o haya pasado. Y aún con sus hijos grandes sigue siendo mamá. Ella estaba embarazada de 5 meses de mi hermano y seguía manejando el tractor. Luchadora.

– ¿Algún tatuaje? En la piel o grabado a fuego en la vida
– Tengo varios chiquitos en la piel. Uno que en celta significa “Espíritu fluído o en armonía”. Uno vikingo que significa prosperidad. Tengo a mi papá con el escudo croata. Y tengo una frase tatuada que siempre decía él y es típica croata: “La sangre no es agua”. La tengo en el pie. La sangre tiene una carga, tiran las emociones. Somos todos muy pasionales. 

– ¿Si tuvieses que elegir una frase sería esa? ¿O hay otra?
– Podría ser, pero una vez escuché una de Cervantes que dijo Antonio Banderas en una premiación, que la dijo tan bonita y vivida: “Como no estamos experimentados en las cosas del mundo, todas las cosas que tienen algo de dificultad nos pueden parecer imposibles. Pero si le damos confianza al tiempo este nos puede dar dulces salidas y muchísimas amargas dificultades”. Es una frase que uso habitualmente. 

– Por último, ¿qué es para vos la fruticultura? ¿Qué le dirías a una manzana o un árbol de manzanas?
– Te vas a reir, pero yo lo hago, es algo que me baja a la tierra. La relación con la naturaleza es muy importante. Somos afortunados de poder hacerlo. Una vez escuché que Aristóteles decía que “la felicidad no es un estado, sino una actividad”. Entonces hay muchos momentos en los que no me siento a gusto y otros que sí. Entre las que me hacen feliz es estar entre las plantas, les agradezco, les digo que lindas están. Les hablo mucho a las plantas.

MUJERES EN CAMPAÑA.

“ELLAS” es una serie de podcasts realizados por Infocampo con mujeres de campo que inspiran por su historia emprendedora, y que cuenta con el acompañamiento de “Mujeres en Campaña”, una iniciativa de New Holland Agriculture que ya tiene un camino recorrido y embajadoras de distintos lugares del país.

La Iniciativa Mujeres en Campaña (MEC) surgió cuando comenzamos a notar que existen muchas mujeres involucradas en el campo con grandes capacidades y que todas teníamos algo en común: la necesidad de compartir experiencias vinculadas al campo y al trabajo rural, nuestro principal objetivo es visibilizar el rol de la mujer rural en cualquiera de sus tareas sea como cliente o como una referente para el sector”, señaló Roxana López, referente de Marketing New Holland Argentina.

Desde “Mujeres en Campaña” desarrollaron el concepto de “embajadoras” que permite conocer un poco más de cada una en su rubro y, a su vez, difundir cómo trabajan y cómo se sienten.

El objetivo de este maridaje entre ELLAS y Mujeres en Campaña es llegar a mujeres de distintas edades y distintas zonas geográficas. “Nos enorgullece cuando un padre nos comenta que le recomendó a su hija inscribirse en nuestra plataforma para capacitarse y realizar algún curso de los que ofrecemos”, agregó López.

Desde la plataforma de MEC, se puede acceder a capacitaciones, foros, talleres, entrevistas y contenido de interés, además, cuenta con una Feria de Emprendedoras para dar a conocer los proyectos que lideran las seguidoras.



De lo publicado en INFOCAMPO.

https://www.infocampo.com.ar/

4 de febrero de 2023.

Todas las imágenes pertenecen a publicación de INFOCAMPO.

https://www.infocampo.com.ar/laura-mihaljevic-pasion-croata-puesta-al-servicio-de-las-manzanas/

lunes, 14 de junio de 2021

Desarrollo territorial. Villa Regina: una “perla” en Río Negro que busca encantar a los productores. Publicado en Diario "Clarín".

 

Desarrollo territorial.  

Villa Regina: una “perla” en Río Negro que busca encantar a los productores. 

Cuatro productores cuentan el potencial productivo que tiene esta ciudad del norte patagónico, pero también las dificultades y trabas para aprovecharlo al máximo.

La ciudad rionegrina Villa Regina está ubicada en la que se considera la la franja más fértil del mundo para producir manzanas, peras y frutas de pepita.

 “A los que somos del valle y nos criamos al lado del río, se nos hace muy difícil despegarnos de este lugar”. Quien rubrica la frase repleta de sentimientos es la ingeniera agrónoma Laura Mihaljevic, cuarta generación de productores peras, manzanas y carne en Villa Regina. Su padre, Markan, un inmigrante croata que llegó a Villa Regina con su abuela (los esperaba su abuelo) cuando tenía apenas 4 años falleció el año pasado, pero les dejó un legado de trabajo y amor por la tierra.

Más conocida como “Perla del Valle”, como tantos otros pueblos y ciudades de la Argentina, Villa Regina, en el centro-norte de la provincia de Río Negro, se forjó con la impronta y espítiru de inmigrantes trabajadores que llegaban de Europa, corridos en algunos casos por el comunismo, en otros por la guerra. Acostumbrados a tener que hacer malavares en poca superficie, se llenaban los ojos y el alma cuando veían el vergel que había por estos lares: tierra, sol, buen suelo y agua. ¿Qué más?

Desde el punto de vista geográfico, Villa Regina se encuentra en el Departamento de General Roca, en las “puertas de la Patagonia argentina”.

Según Facundo Fernández, hijo y nieto de productores, nacido y criado en el Alto Valle de Río Negro, que actualmente ocupa la Secretaría de Fruticultura de la provincia, Villa Regina forma parte de una de las “franjas más fértiles del mundo para producir frutas de pepita y carozo y uvas, porque combina un clima desértico con abundancia de agua”.

Una de las cosas destacables de Villa Regina es que han cambiado no sólo los kilos producidos por hectárea sino también hay mejoras en la calidad.

El valle tiene otros poblados que suman un núcleo de consumidores cercano al millón de habitantes. De oeste a este las ciudades y pueblos son: Senillosa, Plottier, Neuquén, Cipolletti, Gral. Fernández Oro, Allen, Gral. Roca, Cervantes, Mainque, Ingeniero Huergo, Gral. Enrique Godoy, Villa Regina y Chichinales.

Todas sobre la ruta 22, a lo largo de 140 kilómetros y a la vera del río Negro que ofrece 800 m3 de agua pura por segundo.

“Entre los años de la Europa de post-guerra pueblos de producciones pujantes como estos, se convirtieron en las promesas de trabajo y paz para cientos de familias que emigraron principalmente de Italia y España, pero también de otros países, para vivir del cultivo de la tierra y las bondades de la producción, de hecho, hoy hay muchas familias de tercera y cuarta generación que mantienen la actividad”, apuntó Fernández, para quien, “apalancado en ciudades como estas, Río Negro es el mayor exportador de peras del hemisferio sur”.

Productor frutícola y asesor, nació en Villa Regina y se fue a estudiar agronomía a la Universidad del Comahue para luego volver al terruño, Alejandro Cassani tiene un legado familiar fuerte con la producción y con los fundadores de la ciudad. “En la postguerra mi abuelo vino de Italia, de hecho, Emilio Bignami que llegó en 1924 al Alto Valle integró la Compañía Italo Argentina de colonización y fue uno de los primeros pobladores de la ciudad”, contó Cassani.

 “En 1977 mis padres compraron esta chacra en la que nací y que hoy produce 70% de peras y 30% de manzanas, y este año, para diversificar hicimos algo de maíz para grano”, resumió Cassani, que hace unos años se asoció con otros productores para poder empacar y comercializar la propia fruta, tanto para el mercado interno como para exportación a Italia, Francia, Brasil y otros países de la región.

Fundada en 1924, Villa Regina está por cumplir 100 años. “Esto era un desierto, el tren motivó el inicio del desarrollo a lo que se sumó la construcción de la red hidráulica que permitió la canalización del agua y el riego”, recordó Cassani.

Luego aparecieron las primeras empacadoras, las primeras tomateras y después las cámaras frigoríficas para la conservación de la fruta. “También fue importante el asfaltado de la Ruta 22, en la época de Arturo Frondizi porque permitió que surgieran empaques familiares que empezaron a comercializar su fruta en el mercado central en camiones”, agregó Cassani.

A su vez, el crecimiento de la producción frutícola favoreció el desarrollo de la industria metalmecánica para la fruticultura.

“Hoy quedamos en la actividad mi hermano, que se encarga de la parte ganadera que tenemos en Choele Choel con ciclo completo, y yo, que estoy más con la fruticultura, además tengo una hermana que vive en Bahía Blanca”, contó Mihaljevic. Y agregó: “Al ser una pyme, hacemos de todo, estamos arriba del tractor, nos ocupamos de los empleados y hablamos con el contador”. Las peras, las exportan casi todas a Brasil, y las manzanas, rojas y verdes, van casi todas al mercado interno.

 “Siempre supe que este era mi lugar”, confesó a Clarín Rural Federico Filippi, otro productor, bisnieto de inmigrantes italianos, perteneciente a las familias fundadoras de lo que era por entonces Colonia Villa Regina, que se asentaron en la zona en 1927. “Siempre viví en la chacra y acompañé mucho a mi abuelo, que me inculcó la pasión por la tierra y el trabajo hasta que falleció en 2014 y yo, que estaba estudiando agronomía, me vine a tomar la posta”, relató Filippi.

Cambios productivos.

“Una de las cosas destacables de Villa Regina es que han cambiado no sólo los kilos producidos por hectárea sino también hay mejoras en la calidad, así como también la incorporación de algunas plantaciones de fruta orgánica”, contó Fernández.

“En lo productivo, hoy hay mucha tecnología en la forma de plantación, en los análisis foliares, el control de plagas, todo en pos de una mayor producción”, relató Mihaljevic.

Para Cassani, “desde lo productivo no estamos mal, hay cosas para incorporar en mecanización y automatización, y en ese sentido el valle está en la cola del tren, nos estamos adaptando”.

Panorama del negocio.

Hoy la situación es variable, depende qué tengas. El productor que tiene más manzanas puede que esté mejor que el de peras. “La pera tuvo un año 2018 malo, un 2019 muy malo, el 2020 repuntó un poco y esperamos tener un 2021 positivo, las manzanas han tenido mejor resultado los últimos años”, contó Cassani.

“En nuestro caso vendemos directo, evitamos los intermediarios y podemos defender mejor los precios, lo que nos pone en otra situación respecto del productor frutícola que produce, entrega y espera meses para cobrar”, contó Mihaljevic. Y agregó: “De todos modos, estamos muy cerquita de los costos en las frutas, y a diferencia de la ganadería, el riesgo es grande en fruticultura”.

Recambio generacional.

Casi todos los entrevistados coinciden en que una de las claves de Villa Regina es que ha logrado plasmar un recambio generacional.

“Cuando me fui a estudiar en 1997, no era una buena época para la fruticultura, la mayoría de los que como yo se iban no volvían, ahora eso ha cambiado un poco, y parte de eso es que se piensa más en el millón de consumidores que suman todas las ciudades del valle como clientes potenciales, antes se pensaba sólo en Buenos Aires o el mundo, ahora también se piensa en lo local”, dijo Cassani.

 “Somos varios jóvenes que hemos tomado la posta en la actividad, siempre proyectando cambios, generando ideas, mejorando técnicas, comenzando con nuevos desafíos y siempre con pasión, porque sin pasión nada es posible”, compartió Filippi.

El último censo del año 2010 contó 30.000 habitantes en Villa Regina. Sin embargo, se estima que actualmente viven 45.000 personas. “En Regina, por lo menos se ve un recambio generacional, que no es muy común en la actividad frutícola, que tiene un promedio de edad de más de 60 años, a diferencia, por ejemplo, del cultivo de soja que es inferior a los 35”, argumentó Cassani.

Y agregó: “Eso está asociado a la escasa rentabilidad del cultivo los últimos años que hizo escuchar cada vez más la frase ´estudiá, no te quedes en la chacra´”.

Mihaljevic forma parte de ese recambio generacional: “Yo tengo 34 años y hay una camada importante de mi edad que volvió, pero en otras de las ciudades del valle se ven productores más longevos”, coincidió.

Cassani contó que en Villa Regina está la mayor cantidad de empaques en manos de familias pequeñas y medianas, “la contracara de lo que sucede al oeste del valle, donde están las empresas exportadoras grandes”.

Oferta académica.

Villa Regina cuenta con una sede de la Universidad Nacional de Rio Negro, con sus carreras de tecnicatura, licenciatura e ingeniería relacionadas con la industria de alimentos. “Esto ofrece oportunidades de desarrollo a muchos estudiantes del sur de la Patagonia y provincias vecinas”, apuntó Fernández.

También hay sede de la Universidad del Comahue donde se puede estudiar gerenciamiento gastronómico, tecnología en alimentos, control de higiene y nutrición.

Después está el Centro de Investigación y asistencia técnica a las industrias de alimentos (CIATI), que es un ente de investigación y análisis que cuenta con infraestructura de ultima generación y un nivel profesional destacable. Otro dato importante es que desde 1998 cuenta con una aduana que trabaja 100% con la exportación de frutas.

“Las chicas de la chacra”.

Para Fernández, casi toda la gente de la ciudad vive “de o relacionada a” la producción, y gran parte la siente con identidad y orgullo. “A pesar de vivir en la chacra, y como Villa Regina es una ciudad chica, donde todos nos conocemos, no existe una mirada diferenciada hacia los que vivimos en la zona rural, yo siento que estamos todos integrados, y como siempre les digo, no hay como vivir en la chacra”, acotó Filippi.

Mihaljevic, sin embargo, recordó que cuando eran jóvenes y llegaban al boliche les decían a ella y a su hermana “ahí llegaron las chicas de la chacra”.

“Hoy seguimos siendo los distintos, pero estamos todos más entreverados”, reflexionó.

El vínculo entre el campo (o la chacra) y la ciudad se da de manera directa, en una actividad tan mano de obra intensiva como la fruticultura a través del trabajo. Sin embargo, hay algunos cortocircuitos.

La mecanización y el automatismo, en muchos casos, además de las búsquedas de eficiencia, también están asociados a reducir los costos y la conflictividad laboral. “Con la mecanización, como han hecho nuestros competidores, se reducen costos, pero además se esquiva el costo argentino, que tiene que ver con la conflictividad laboral”, lamentó Cassini.

Coincide en esta dificultad Mihaljevic: “Cada vez hay menos gente para trabajar en la chacra y los sindicatos son una mafia de juicios laborales, que muchas veces termina siendo estresante para las pymes como la nuestra”. La agrónoma contó que se comprobó que trabajadores que se lesionaban el fin de semana en otras actividades después decían que se habían caído de una escalera cosechando para cobrar. “Ojo, yo estoy feliz con la gente que trabaja con nosotros, pero a medida que se vayan jubilando se que voy a tener un problema”, lamentó.

Desafíos.

Al igual que en muchas otras actividades, la inflación, la falta de previsibilidad y créditos constituyen para la fruticultura un camino cuesta arriba.

“La falta de incentivos para que los pequeños puedan invertir es una de las cosas que me preocupan, si esto se diera, habría un nuevo quiebre en la producción de la región”, apuntó Cassani.

“Para mí le faltan factores de articulación que generen modelos asociativos en los cuales productores pequeños puedan formar parte de esquemas de comercialización y exportación de frutas de manera directa e independiente”, acotó Fernández.

Entre los grandes desafíos que tiene Villa Regina, Fernández destacó “la incorporación de sistemas de energías limpias o métodos de optimización para las cámaras frigoríficas y la industria”. Así como el desarrollo de subproductos de la industria que hoy son desechos, para generar, por ejemplo, insumos para fertilizantes, aromatizantes de alimentos para mascotas, entre otras cosas.

Para Mihaljevic, además de lo laboral que mencionó anteriormente, la falta de políticas públicas es otro de los problemas. “Terminamos vendiendo a Brasil porque es lo más cómodo, hemos intentado buscar clientes en otros países y te dicen que te arregles, no hay una cartera de clientes como sí tienen los uruguayos o los chilenos”, argumentó.

“Mi papá nos contaba que cuando era chiquito, dormían entre los chanchos para calefaccionarse, y desde esas condiciones llegó a la Argentina, por eso, yo siento que no es cuestión de oportunidades porque cuando él llegó al país, había gente que tenía tierras, hablaba el idioma y tenía todas las mismas condiciones que tuvo el, y sin embargo no prosperaba, por eso, creo que el desarrollo tiene mucho que ver con la voluntad, el sacrificio, y la capacidad para defenderse, como en la guerra, si no, perecés”, cerró Mihaljevic, que al igual que sus hermanos, además de español habla croata.

Publicado en Clarín Rural del Diario “Clarín”, 13/06/2021 Clarín.comRural

https://www.clarin.com/rural/villa-regina-perla-rio-negro-busca-encantar-productores_0_HQBDCleSX.html

jueves, 16 de julio de 2020

Markan Mihaljevic: esfuerzo y dedicación, bien chacarero.

Markan Mihaljevic: esfuerzo y dedicación, bien chacarero.

Markan Mihaljevic, llegó de Yugoslavia a la Argentina con su abuela cuando tenía 4 años.
A los 16 años comenzó a trabajar una chacra de 6 hectáreas en la ciudad de Villa Regina, provincia de Río Negro junto a su abuela.
En 1965  en una tierra desconocida y con las responsabilidades de un adulto comienza a forjarse una historia de trabajo esfuerzo y progreso.
Markan es padre de tres hijos, Silvana, Laura, y Horacio que tomaron la herencia del trabajo, la responsabilidad, el respeto a la tierra, y a los empleados que con ellos trabajan.

En la actualidad llevan adelante una exitosa empresa familiar dedicada a la fruticultura y la ganadería.
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