ELECCIONES UNCO: DOS LISTAS SE PRESENTARON PARA CONDUCIR LA FACTA.
El Municipio de Villa Regina formalizará este miércoles un cambio significativo en su estructura de gobierno. Juanjo Valverde asumirá la titularidad de la Dirección de Tránsito y Defensa Civil, un área que conoce en profundidad y que ya ha liderado en periodos anteriores bajo la conducción del actual jefe comunal.
La modificación en el gabinete se produce tras el pedido de renuncia por parte del intendente Albrieu al Dr. Mario Figueroa, quien se desempeñaba en el cargo desde el inicio de la gestión de Marcelo Orazi en diciembre de 2019, y había sido ratificado por Albrieu al asumir su nuevo mandato el pasado 12 de diciembre de 2023.
UN PERFIL CON EXPERIENCIA Y GESTIÓN TERRITORIAL
El regreso de Valverde a Tránsito no es una improvisación. Su historial en la función pública local está marcado por hitos operativos y administrativos:
Durante sus pasos anteriores por esta misma dirección, en una anterior gestión de Albrieu, fue el responsable de implementar el sistema de estacionamiento medido en el año 2012, además de modernizar la gestión del parque judicial de vehículos retenidos y endurecer los operativos de control bajo la Ley Nacional de Tránsito.
En 2018, bajo la intendencia de Carlos Vazzana, Valverde dio un salto jerárquico al asumir como Secretario de Gobierno, rol que lo llevó incluso a quedar temporalmente al frente del EJECUTIVO MUNICIPAL.
LOS DESAFIOS INMEDIATOS
Valverde aceptó la propuesta de Albrieu con el objetivo de imprimirle una nueva dinámica a una dirección sensible para la seguridad ciudadana. Entre sus prioridades se encuentran la reorganización de los operativos de control nocturno, el fortalecimiento de Defensa Civil y la optimización de los recursos en la vía pública.
Publicado en INFOREGINA.
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| Sergio Cisint, Cirtec, Villa Regina. |
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| Sergio Cisint tiene 92 años y habla de su empresa con orgullo, hoy su hijo Leonardo le dio continuidad al proyecto. |
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| Sergio Cisint acompañó a Río Negro Rural a las instalaciones de Cirtec y posó con la barda reginense de fondo. |
Primero, junto a un primo, se hicieron cargo de la chacra del tío de Sergio, como medianeros. El esquema era claro y un clásico en esa época, con 60% para el dueño y 40% para quien trabajaba la tierra. “No era tirar manteca al techo, pero con ese 40% de la producción se podía vivir”, recuerda.
“Mi papá no tenía nada que ver con la fruticultura, pero se metió a trabajar en la chacra”. Sergio Cisint, Cirtec, Villa Regina.
Después de un año de trabajo pudo pagar los pasajes que los habían traído de una Italia tumultuosa, y pasó a trabajar en una chacra de la 2da. Zona también como medianero.
Pero pronto entendió que ese camino no alcanzaba para lo que buscaba y se fue. Rosario, Bahía Blanca, idas y vueltas, errores y aprendizajes. El final de ese viaje fueron los títulos de Ingeniero Mecánico y Electricista.
“No había alguien que me marcara el camino. Perdí tiempo con la monotécnica porque eso no servía para estudiar ingeniería”, cuenta hoy a la distancia de ese período de su vida.
“Nunca me interesó la producción en sí, me interesó salvarla”.
Sergio Cisint, Cirtec, Villa Regina.
Detrás de ese recorrido había una tensión constante: el esfuerzo de sus padres y su propia decisión de estudiar. “No podía entender cómo trabajaban todo el día para que yo estudie. Pasé poco tiempo con ellos, primero por los campos de concentración, y después porque trabajaban mucho”.
Antes que ingeniero, fue chofer, comerciante y buscavidas. Desde muy joven manejó camiones, compró fruta, la vendió y recorrió rutas que hoy parecen impensadas para alguien de su edad en ese momento. “A los 17 años manejaba un camión, vendía peras, manzanas, ciruelas, iba a Santa Rosa, descargaba y volvía. Dos viajes por semana”, señala sobre su actividad en su años mozos.
Los viajes desde el Alto Valle hasta La Pampa eran una constante. No era el único. Había una generación de jóvenes que hacía lo mismo. “Éramos tres o cuatro camiones de Regina, todos jóvenes”, cuenta Sergio.
Ese circuito le permitió sostener sus estudios. “Un porcentaje de mi carrera lo pagué así, manejando y vendiendo fruta”.
La chacra estaba armada, pero no era eficiente. Había mezcla de variedades, sistemas antiguos y poca lógica productiva. “Había variedades que no funcionaban, las arrancamos y plantamos de nuevo, sobre todo Abate Fetel”.
Se incorporaron sistemas más modernos: espaldera, plantaciones intensivas, mejoras en riego. “No había nada sin plantar. Era todo producción”, cuenta.
Los resultados llegaron. “Pasábamos los 200 mil kilos. Para esa superficie era un récord en ese momento”. Aun así, Cisint nunca se asumió como productor tradicional: “No era el objetivo vivir de la chacra”.
No era un crecimiento menor: alrededor de 80 personas trabajando en distintos proyectos. También hubo obras fuera de la región. “Hicimos estructuras grandes, incluso en Rosario, en fábricas importantes”. Pero incluso en ese crecimiento, su mirada seguía conectada con la producción.
Sin acceso a grandes desarrollos tecnológicos, se apoyó en la observación, la lectura y la adaptación. “Vi una foto en una revista y a partir de eso desarrollé mis propios aspersores de doble tobera”. Ese trabajo permitió cubrir hectáreas en una época donde el riego aún no estaba extendido.
“Regina fue la zona que más riego tenía en los años ‘70, pero no era eficiente todavía”, recuerda.
Ese compromiso con el conocimiento también se trasladó a su familia. Su hijo continuó el camino, desarrollando sistemas de riego en grandes superficies productivas. “La semilla estaba, él la siguió”, dice Sergio sobre su hijo Alejandro. Hoy, esos sistemas alcanzan cientos de hectáreas por año, en un modelo mucho más tecnificado.
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| Sergio Cisint y Leonardo, el primero vio la necesidad de hacer algo para proteger la producción, su hijo continúa el legado modernizando y haciendo crecer un poco más la empresa. |
Y esa frase sintetiza su recorrido: alguien que no se conformó con hacer, sino que también quiso entender y mejorar.

Equipos de riego y defensa de heladas para las chacras forman parte hoy de la oferta de Cirtec. 
Sergio Cisint con uno de los aspersores doble tobera que diseñó para la defensa de heladas en el Valle.
Publicado en RURAL del Diario Río Negro.
La UNRN rediseñó su carrera de enología para hacerla más práctica y accesible, abarcando también destilados.
Desde 2025, la carrera lleva un nuevo nombre —Tecnicatura Universitaria en Enología y Bebidas Fermentadas y Destiladas— y redujo su duración de tres años a dos años y medio. El cambio no fue cosmético. "Le sacamos algunas materias, combinamos otras y nos enfocamos más en la parte tecnológica y de elaboración", explicó Alejandro Gresia, quien dirige la carrera desde su fundación.
Además, se mantiene abierta una diplomatura de tres meses pensada para dar sustento y conocimiento a personas que se integran a la actividad del enoturismo. La sorpresa este año vino por el lado de los jubilados: en solo dos días se completaron los 20 cupos de un curso vinculado a la historia de los inmigrantes italianos y el vino.
Gresia es un apasionado de su trabajo. Ingeniero agrónomo de formación por la sede Cinco Saltos de la Universidad Nacional del Comahue (UNCO), trabajó más de 10 años en el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), fue asesor del gobierno de La Pampa y hoy es responsable de la bodega municipal de Gobernador Duval, un pueblo a orillas del río Colorado que produce un vino que espera ser descubierto: Lejanía.
En diálogo con +P, contó que en este proceso de transformación de la carrera, las materias más humanísticas —como publicidad, marketing y comunicación oral— cedieron espacio a contenidos técnicos y a una novedad concreta: una materia de elaboraciones a pequeña escala que los alumnos cursan en la planta piloto de alimentos de la universidad, donde funciona una pequeña bodega experimental. "Los chicos están elaborando ahí cosas que antes no teníamos en la carrera", señaló.
Para entender por qué nació la carrera hay que retroceder hasta los primeros años del siglo. La vitivinicultura del Alto Valle atravesaba una crisis profunda y el consumo de vino en Argentina se había desplomado: de los 90 litros por habitante al año registrados en las décadas del setenta y ochenta, el país había caído a apenas 16 litros. Las bodegas cerraban y los profesionales formados en la época de auge comenzaban su etapa de retiro y jubilación, sin que hubiera un reemplazo local a la vista.
"Las bodegas se encontraban con que, o traías un enólogo de Mendoza, o tenías que arreglártela como podías", recordó Gresia. La zona contaba con la carrera de Agronomía en Cinco Saltos y con una licenciatura en Alimentos en Villa Regina, ambas de la UNCO. Pero la parte enológica específica no estaba cubierta.
Fue la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), en sus primeros pasos institucionales bajo la rectoría de Juan Carlos Del Bello y el estímulo del economista, docente y periodista Heber Tappatá, la que detectó esa demanda insatisfecha. En Regina, la universidad apostó por un polo agroindustrial: abrió las ingenierías en Alimentos y en Biotecnología y, junto con ellas, en 2010, lanzó la Tecnicatura en Enología.
Los primeros en anotarse fueron, en muchos casos, personas que ya trabajaban en la industria con conocimientos prácticos pero sin título habilitante. "Cuando arrancamos, mucha gente que tenía carreras truncas o que ya estaba trabajando y necesitaba el título fue la primera en inscribirse", contó Gresia. La primera camada de egresados, en 2012, fue de cuatro personas. Pequeña en número, pero significativa: demostraba que había una demanda real.
El recorte de la duración no fue arbitrario. Si bien las materias humanísticas no desaparecieron, perdieron peso frente a contenidos más aplicados. La virtualización, acelerada por la pandemia, también dejó su marca. Hoy, muchas materias teóricas se dictan de forma remota, lo que permitió sumar alumnos de otras localidades. "Nos quedó un sistema mixto: muchos teóricos son virtuales y las salidas al campo son presenciales", explicó el director. Esto facilita, por ejemplo, que estudiantes de Bariloche cursen a distancia y viajen solo para las prácticas.
La incorporación de fermentados y destilados en el título responde al auge de la producción artesanal de gin y otras bebidas. "Tenemos alumnos que este año arrancaron la carrera y ya se dedican a la producción de gin; ven la posibilidad de formarse para tener más herramientas", contó Gresia. Incluso, un egresado está hoy a cargo de la destilería de alcohol de pera de Allen, conocida como Pequeña Destilería Argentina (PDA).
La formación también habilita para trabajar en la industria cervecera y en plantas de jugos y concentrados. "La formación les permite no solo estar en la parte vitivinícola", sintetizó Gresia, subrayando que el título abre puertas en toda la cadena de alimentos y bebidas con procesos fermentativos o de destilación.
Uno de los cambios más notorios del nuevo plan es el perfil del egresado. La carrera ya no apunta exclusivamente a producir técnicos para trabajar bajo las órdenes de otro profesional, sino que busca formar emprendedores. Para ello, el plan de estudios incluye una materia de formulación y evaluación de proyectos productivos.
Esta orientación atrae a perfiles variados: desde jóvenes que buscan una salida laboral rápida hasta profesionales de otras áreas. "Tenemos licenciados en turismo que combinan la enología con el enoturismo, y ahora mismo un bioquímico que quiere elaborar sus propios vinos", ejemplificó Gresia. Además, el título es vital para cumplir con la legislación argentina, que exige que toda bodega tenga un responsable técnico habilitado para poder operar.
Desde 2012, la carrera ha ubicado graduados en bodegas reconocidas del Valle como Mabellini, Rivera del Cuarzo o Canale. Aunque la carrera no compite en volumen con ofertas masivas, se sostiene con solidez: "Tenemos entre 15 y 20 alumnos permanentes por año, lo cual está bien para el tamaño del mercado", evaluó Gresia.
Como en el vino también se trata de contar historias, la UNRN dicta una diplomatura de tres meses y cursos de extensión para jubilados (UPAMI) que buscan potenciar el enoturismo.
El curso sobre la historia de los inmigrantes italianos y el vino fue un éxito inesperado que rompió fronteras: "Lo pensé para gente de la zona, pero cuando miré las características de los teléfonos, había gente de Rosario, Córdoba y Buenos Aires", concluyó Gresia. Este fenómeno consolida a la universidad como un referente que conecta a entusiastas de todo el país con las raíces productivas del Alto Valle.
Publicado en MÁS PRODUCCIÓN de LA MAÑANA DE NEUQUÉN.
Este año el Aero Club Villa Regina celebrará los 70 con un
festival aéreo.
FESTIVAL DEL AÉREO para el 9
y 10 de mayo.
Habrá un avión acrobático a cargo
de José Basílico, paracaidismo, planeadores, aeromodelismo, vuelos recreativos,
espectáculos en vivo,artesanos, patio de comidas.
- Un Festival aéreo 70 ANIVERSARIO
para toda la familia. Valor de las entradas $5.000.
Niños de hasta 12 años ingresan gratis.