«Es un orgullo que mi abuelo vea esto»: la historia de una
familia frutícola de la Patagonia que volvió al mercado con la tercera
generación.
Los padres de Roberto Tulli llegaron desde Italia a Regina
escapando de la guerra. Varias generaciones después su nieto Federico recuperó
la venta directa de fruta y creó una marca "El Marchegiano" para
llevar el legado familiar a toda Argentina.

Roberto, histórico productor de Regina, junto a su esposa Alicia, sus hijos y nieto.
Foto: Juan Thomes.

Roberto Tulli.
Foto: Juan Thomes.
A los 86 años, Roberto Tulli dice que ya «colgó los guantes».
Sin embargo, todavía camina entre los frutales en Regina, observa los trabajos
y sigue de cerca cada decisión que toman sus hijos y su nieto. Después de toda
una vida dedicada a la producción, hay algo que lo entusiasma especialmente:
ver que la tercera generación eligió continuar el legado familiar de producir
en la Patagonia.
La historia de los Tulli no es solamente la de una familia
frutícola. Es la historia de dos decisiones que se parecen mucho aunque estén
separadas por más de 50 años.
La primera la tomó Roberto cuando, junto a sus hermanos,
decidió apostar por la producción propia. La segunda la tomó su nieto Federico
cuando entendió que producir fruta ya no alcanzaba: había que volver a venderla
directamente y defender el trabajo de la familia en los mercados. Entre una y
otra, la segunda generación sostuvo la producción y mantuvo viva una historia
que hoy encuentra una nueva etapa.
Roberto Tulli, el fruticultor que empezó con dos caballos hace más de medio siglo y levantó tres chacras en la Patagonia
Roberto nació en Regina en 1940. Sus padres eran inmigrantes
italianos que llegaron al Alto Valle escapando de la guerra en Europa. Su
padre, Juan, se instaló en la región a través de la Compañía Ítalo Argentina y
fue entre chacras donde conoció a quien más tarde sería la madre de Roberto,
Rosa.
Antes de dedicarse por completo al proyecto propio, Roberto trabajó como empleado rural. Con el tiempo, junto a sus hermanos Evaristo y Dino decidió apostar por desarrollar la producción familiar. Mientras las plantaciones de peras y manzanas crecían, el tomate se convirtió en el cultivo que les permitió generar ingresos, comprar maquinaria y seguir incorporando tierras. «Fue un cambio enorme, un cambio total», recordó Roberto.
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| Roberto (izquierda abajo) junto a sus padres y algunos de sus hermanos. |
La primera adquisición llegó con una chacra ubicada cerca de
la isla, conocida dentro de la familia como «la chacra de la costa». Después
sumaron otra propiedad de ocho hectáreas y, finalmente, en 1972 compraron la
más grande de todas: una chacra de casi 10 hectáreas que todavía hoy es uno de
los centros de la producción familiar. «Acá nosotros entramos en el 72′. Acá no
había nada. Había este cuadro y el otro cuadro y nada más», explicó Roberto.
Junto a su hermano Evaristo no solo desarrollaron las
chacras. También lograron avanzar en la comercialización de fruta. Durante años
trabajaron asociados a Felipe Filippi, un productor que contaba con galpón de
empaque, y llegaron a vender directamente parte de la producción familiar.

Roberto junto a sus hermanos. Foto: Gentileza.
Ese esquema se mantuvo durante décadas, hasta que la muerte
de su hermano mayor en los 2000 modificó el rumbo de la empresa familiar.
Roberto quedó al frente de responsabilidades que antes estaban repartidas y la
familia continuó produciendo fruta, aunque dejó de comercializarla de manera
directa y pasó a trabajar principalmente a través de galpones y terceros.
La chacra como escuela: el amor que surgió entre frutales
del Alto Valle y el legado de trabajo que heredaron los hijos
Roberto y Delicia se casaron en 1966, pero su historia había
comenzado mucho antes, también entre chacras. El padre de Alicia trabajaba en
una chacra vecina y fue allí donde se enamoraron. Décadas después siguen
compartiendo el mismo paisaje que los unió cuando eran jóvenes.
Roberto y Delicia cumplen en septiembre 60 años de casados. Foto: Juan Thomes. 
Roberto y Delicia cumplen en septiembre 60 años de casados.
Foto: Juan Thomes.
Mientras Roberto pasaba buena parte del día trabajando en el
campo de sol a sol, Delicia sostenía jornadas dedicadas a cocinar, lavar ropa, preparar
a los chicos para la escuela y organizar la casa que no tenía agua en el
interior. Además, cuando hacía falta, también colaboraba en distintas tareas
vinculadas a la producción.
La chacra también fue la escuela de los hijos. Omar, el
mayor, dejó la escuela siendo joven para quedarse trabajando junto a su padre.
Juan encontró su lugar en la administración y los papeles, sin embargo nunca se
alejó del trabajo rural. Silvia, Maricel y Stella ayudaban desde chicas
abonando la tierra, trabajando en los frutales y acompañando las tareas de
temporada.
«Mi papá nos enseñó a trabajar, a tratar a la gente y a
hacer las cosas bien. Todo lo que sabemos viene de él». Omar Tulli, productor
de Regina.
Juan cuenta que su vínculo con la chacra fue cambiando con
los años. Aunque hoy está más enfocado en la parte administrativa, asegura que
nunca se alejó del trabajo rural. «Aprendí gracias a ellos. Primero mirando a
mi papá y después a mi hermano Omar, que me enseñó prácticamente todo lo que sé
de la chacra», explicó. Por eso, cuando llegan las tareas más exigentes de la
temporada, los roles vuelven a mezclarse.

Juan, Roberto y Omar Tulli.
Foto: Juan Thomes.
«Las curas las hacemos entre los dos y con el tractor
también trabajamos juntos», señaló al describir una dinámica que se repite
desde hace décadas. La producción sigue siendo un trabajo compartido, más allá
de que cada integrante haya encontrado su propio lugar dentro de la empresa
familiar.
El Marchegiano: la marca con la que volvió la tercera
generación a los mercados frutícolas de la Patagonia.
Entre quienes crecieron recorriendo las chacras familiares
está Federico Tulli, nieto de Roberto e hijo de Omar. Tiene 22 años y
representa la tercera generación de productores de la familia. Hace dos años
decidió impulsar una nueva etapa para la empresa familiar: volver a
comercializar directamente la fruta que producen.

El Marchegiano, actual marca de la producción familiar. Hacen envíos a Buenos Aires, Rosario, Córdoba y otros puntos del país. Foto: Juan Thomes.
La idea surgió después de escuchar durante años las
historias de su abuelo y sus tíos sobre la época en que la familia vendía
producción propia en los mercados. «Yo veía que teníamos la producción, las
herramientas y la maquinaria, pero no estábamos defendiendo nuestra fruta»,
explicó Federico.
Sin experiencia previa en ventas, comenzó a buscar
contactos, recorrer mercados y aprender una actividad completamente distinta a
la que conocía dentro de la chacra. Así nació «El Marchegiano«, la marca con la
que hoy comercializan la producción familiar y que homenajea las raíces
italianas de los Tulli. Actualmente coordina envíos a Buenos Aires, Rosario, Córdoba
y otros puntos del país.
«Yo me considero un productor que está aprendiendo a
comercializar, no un comercializador que aprende a producir», Federico Tulli,
productor de Regina.
Detrás de esa nueva etapa sigue estando el trabajo de toda
la familia. Omar continúa al frente de gran parte de las tareas productivas y
del trabajo cotidiano en las chacras. Juan, el menor de los hermanos, acompaña
desde la administración, las cuentas, los bancos y los trámites vinculados a la
actividad. Federico, en tanto, reparte sus días entre el campo y los mercados.
Hoy los Tulli trabajan tres chacras donde producen peras
Williams y Packham’s, además de manzanas Red Chañar y Granny Smith. Entre las
tres obtienen cada año entre 400.000 y 600.000 kilos de fruta.
En números 18 has. es el total de superficie entre las tres
chacras de la familia Tulli.
Federico explicó que el trabajo comienza mucho antes de la
cosecha. Durante todo el año realizan poda, manejo de las plantas, controles
sanitarios y raleo para obtener la calidad que exigen los mercados. Después
llega la cosecha, que puede extenderse durante tres meses según la variedad y
para la que incorporan trabajadores temporarios.

Toda la familia trabajó en algún momento en los frutales de las chacras familiares.
Foto: Juan Thomes.
Una vez recolectada, la fruta se almacena en cámaras de frío
alquiladas a terceros. A medida que aparecen pedidos desde distintos puntos del
país, los Tulli retiran la mercadería y la trasladan a un galpón de empaque de
Regina donde se clasifica, acondiciona y embala antes de volver nuevamente a
frío hasta el momento de la carga.
«Es un orgullo que mi abuelo pueda ver esto, que estemos de vuelta en el mercado y que se siga con todo lo que hicieron», Federico Tulli, productor de Regina.
Después de décadas dedicadas a la producción, el histórico
chacarero observa cómo sus hijos sostienen la actividad y cómo su nieto
recuperó una parte de la historia familiar que parecía haber quedado atrás.
«Ahora mi nieto volvió otra vez a empezar a probar a mandar fruta. Lo veo con
ganas de ir para adelante», expresó con orgullo.
Publicado en RURAL del Diario Río Negro.
Domingo 14 de junio del 2006.
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